En época de inteligencia emocional, coaching y pensamiento positivo nos hemos llenado de estrategias para sobrellevar las situaciones difíciles que la vida nos trae. No obstante, al igual que el tiempo por sí solo no lo cura todo, el pensamiento positivo, aunque muy efectivo, no es en si la cura para heridas profundas que de una forma u otra han impactado lo más profundo de nuestro ser.

El pensamiento positivo nos da herramientas claras para afrontar el día a día, para seguir adelante, y para hacer frente a situaciones que de cualquier otra forma harían de nuestra vida algo menos ameno. Y vienen frases de amor propio y auto ayuda, que nos ayudan a hacer frente y a poner curitas a nuestros corazones heridos. Aprendemos que somos parte de algo más grande y que nuestra vida tiene un propósito aun cuando no seamos capaces de señalarlo o identificarlo claramente. Aprendemos que lo que vemos en otros, lo debemos trabajar en nosotros mismos quedando muchas veces desconcertados porque no logramos identificar claramente que es aquello de nosotros que se refleja en la conducta de nuestro prójimo que tanto nos molesta, que tanto nos hiere. Aprendemos que no es el otro quién nos hace daño sino nosotros mismos al exponernos ante una situación o persona, y también leemos sobre el amor incondicional, pero somos humanos y encontramos difícil no poner condiciones a la hora de dar y recibir amor, volviendo esta incondicionalidad un estado de palabra más que de sentimiento o acción. Y caemos en la incoherencia llenos de infelicidad e insatisfacción al no poder vivir bajo los lineamientos de gurús, sabios, maestros o cualquier otra figura que nos genere respeto. 

Se nos olvida recordar que somos humanos, que tenemos derecho a sentir, a expresar, a ser, que una de las bases de nuestra humanidad, es esta capacidad de sentir cualquier sentimiento que sea, sin catalogarlo y sin identificarnos con él. Somos todo lo que las frases hermosas de autoayuda nos dicen que somos, pero también todo aquello que nos niegan el derecho de ser. Sólo aceptando que somos tanto luz como sombra es que podemos brillar en nuestras cualidades y sacar a relucir lo mejor de nuestro ser.

La vida no pide de nosotros sólo ser positivos o hermosos en todo momento, la vida nos da la oportunidad de ser humanos y lo somos cuando nos permitimos explorar todas las fases de nuestra humanidad sin ocultarnos tras la falsa paz que muchas veces nos brindan las frases de crecimiento espiritual. Todos somos capaces de hacer frente a nuestra dualidad interna, de conquistar nuestros demonios y miedos si los aceptamos y los convertimos en nuestros aliados.

Caemos muchas veces en la trampa del consumismo espiritual, siempre a la búsqueda de algo que pueda “salvarnos” quitarnos el dolor y alcanzar la felicidad. Olvidando que las herramientas siempre han estado dentro de nosotros y que nuestra propia alma es aquella que conoce su mejor camino hacia la sanación y su felicidad. Deja de pensar que hay algo malo en ti, de creer que el mundo exige ser todo lo que dice que debes ser y conecta con tu corazón, escucha las necesidades de tu alma. Las herramientas para tu propia sanación te han sido dadas y es sólo cuestión de escuchar atentamente al llamado de tu alma.